Sentada sobre un gran tronco, sintiendo la fría brisa que rosaba su rostro y con los ojos entrecerrados debido a los fuertes rayos del sol de las nueve de la mañana, logró darse cuenta de que la soledad es su mejor compañía. Recordó que lo que viene a ella, siempre termina perdiéndose en la niebla que parece nunca ser atravesada por la luz y, al analizar su situación, se sintió atrapada y casi poseída por la ira y la tristeza. Bajó su mirada, sintió que las cicatrices sangraban y que vivía la pesadilla que le provocó tanto miedo en un tiempo pasado, de nuevo. "Recordar es malo, los recuerdos te golpean fuertemente en tu punto débil, te dejan indefensa, sin nada qué hacer", pensaba. Subió de nuevo su cabeza y se secó sus lágrimas bruscamente, cerró sus ojos por un momento mientras daba un gran suspiro, y al abrirlos de nuevo, notó que no había nadie a su alrededor, "nada nuevo", dijo en voz alta, "aunque hayan personas, físicamente a mi lado, siempre me siento ...
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