Tardé 3 meses en escribir esto.
Sonidos de campanas y desgarres finos de guitarras suenan a las 4:50 a.m. Se interrumpen mis sueños, de los cuales nunca recuerdo su inicio o final. Extiendo mi brazo izquierdo y estirando mis dedos intento localizar mediante el tacto el celular del que sale aquella melodía fastidiosa que me levanta cada mañana. Termino aplazando la alarma otros diez minutos y me cubro de nuevo con las cobijas. Pienso en lo que posiblemente traerá el día. Algunas veces me emociono, otras veces me estreso y otras pocas me siento tan mal que me enfurezco por no poder quedarme todo el día en mi cama. El agua es tibia, el piso es frío y mi corazón caliente. La frustración hace que mis latidos se aceleren como el ritmo ascendente de la canción The Weight of Love de The Black Keys. Mientras el agua tibia cae sobre mí y va mojando cada uno de mis cabellos hasta llegar a recorrer los dedos de mis pies, siento que mi respiración es corta, el aire no logra entrar profundamente a mis pulmones por más que me con...