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Mostrando entradas de junio, 2018

Créelo.

Un día te levantas, muchas veces después de haber pasado la noche en vela y te das cuenta de que ahora todo es diferente, por el simple hecho de que ha llegado alguien a tu vida que, a diferencia de muchas personas, en serio no te quiere perder.  Es una sensación extraña, sobretodo después de haberte caído una vez mientras confiabas en alguien que aparentemente no quería lastimarte, y más que nada, cuando no estabas acostumbrada a que alguien te quisiera de tal manera, y que lo demostrara con tanta fluidez.  Siempre me ha parecido raro cómo los humanos somos tan susceptibles al dolor que provoca el mismo amor. Podemos soportar diversos dolores físicos, ignorar las opiniones negativas que tienen sobre nosotros algunas personas, llorar para liberarnos cuando nos sentimos afligidos... Pero nos desmoronamos y muchas veces nos vemos guiados por la decepción, que nos nubla la vista, cuando la herida es provocada por alguien que pasó de no quererte herir, a no importarle el vert...

No sé qué hacer.

La indecisión, sobre todo en temas donde sabes que no serás el único perjudicado si decides mal, hace que la mente nos haga varias malas jugadas. En la primera, sientes que lo controlas todo, como si la situación fuese un simple avatar que responde a tus órdenes pero que, últimamente no ha funcionado bien, como si las baterías del control se estuvieran agotando. En la segunda, sabes que todo el juego se ha estropeado, pero sigues buscando baterías nuevas para ver si esta vez sí funciona... Todavía tienes esperanza, crees en que, de pronto, todo se solucionará después. Te desesperas y te imaginas el peor escenario de esas dos opciones posibles que tienes en mente en la tercera jugada, aquí ya nada tiene sentido, empiezas a rogarle a tu dios, a la vida o a ti mismo, para que traiga una solución que detenga tu sufrimiento, y para evitar el de la otra persona que está implicada. Luego, sientes una presión en el pecho y no puedes evitar el llanto mientras te cubres con las cobijas ...