Desastres naturales.
A veces se unen la turbulencia de los traumas, la corriente de la frustración económica, los torrentes de la ansiedad, los ventarrones de secretos familiares, los temblores de la vida en pareja y el huracán de querer soportarlo todo, a la vez.
¿Por qué soy yo quien parece ser la única que dedica su energía en construir un refugio, conseguir comida enlatada, organizar un kit de primeros auxilios y en sí de ver, asimilar y querer salvarse de tremendas catástrofes naturales?
Es difícil ser alma que viene a adentrarse en cada marea, terremoto y huracán para poder entender y sanar al linaje y a los ancestros.
Es difícil tragarse los gritos de auxilio, el miedo a morir en el intento y sobre todo el aceptar que sentir cada desastre para saber cómo moverme de entorno, de clima, de zona y de sentimientos, es una de mis más grandes misiones en esta encarnación.
¿Quién iba a pensar que cuando grande sí sería como Mini Espías? Pero en vez de monstruos enfrento lo escondido, en vez de naves me movilizo con mi Prana y en vez de "gadgets" tengo mi fortaleza espiritual, mi devoción y mi amor.
A veces en ese refugio me siento sola y desesperada. Me como 3 latas de fríjoles de conserva el mismo día, desperdicio las reservas de agua bañándome con 2 galones y duro días sin salir del búnker a buscar vida o quizá un ejército que me pueda dar refugio.
Y aunque a veces me juzgo por hacerlo, entiendo que a pesar de que mi alma tiene esta gran encomienda en sus manos, también mi humanidad tiene la encomienda de Ser en su máxima naturalidad, en su máxima emoción o sentimiento, en su pereza, en su frustración, en su rabia, en su melancolía, en su envidia, en su oscuridad.
A veces se unen la turbulencia de los traumas, la corriente de la frustración económica, los torrentes de la ansiedad, los ventarrones de secretos familiares, los temblores de la vida en pareja y el huracán de querer soportarlo todo, a la vez.
Y no se sabe ni qué debería hacer, ni qué debería sentir, ni qué debería soltar, ni por qué sigo sosteniendo el peso en vez de redistribuirlo y entregarle a cada quien los kilos que le pertenecen.
Y no sé bien si eso es lo indicado para salvarnos todos, para liberarme... Porque siento la columna desviada, las rodillas raspadas, la nariz quemada, las uñas débiles, la indigestión aflorando y un frío inexplicable de cargar con tanto.
A veces se unen mi alma y mi humanidad, y no me queda más remedio que salir de la cueva, empelotarme, meterme a un agua termal cerca del búnker, llorar y escribir para darle fuerzas a mi mente y mi cuerpo para cumplir su misión.
Al fin y al cabo, si no fuera desgastante no tendría gracia subir el Monte Everest, ¿o sí?
Escrito el 19-5-23, pero aplica para cualquier desastre natural de la vida.
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