"Después de la tormenta viene la calma"
La noche hacía que el ambiente se tornara aún más tenso, la lluvia subía los niveles de melancolía y los truenos alimentaban su ira. Sus pensamientos se oscurecían y su corazón, como los fríos vidrios de su ventana, empezaba a empañarse. Volvió a enredarse con los finos hilos que alguna vez desenredó, formando nuevamente ese pequeño nudo que antes había desalojado de su cabeza... Estaba perdida una vez más.
Bajo sus cobijas, miraba el techo mientras su cerebro recreaba imágenes que alguna vez le causaron felicidad, y se preguntaba, "¿tan poco dura la alegría?". Daba vueltas en su cama , y a ratos se destapaba los brazos para sentir la ligera frescura que dicha llovizna dejaba; pero todo era inútil, los recuerdos no se iban, el rencor con su mala suerte aún permanecía en su corazón y el sueño nunca llegaba.
Luego suspiró, se sentó y giró su cabeza, de tal modo que pudo mirar hacia su ventana; notó que el oscuro cielo se había despejado, pudo escuchar el sonido de las últimas gotas que caían y chocaban contra el suelo. Algunas gotas que aún estaban sobre su ventana, se deslizaban rápidamente hacia abajo y ya se podía ver la luna...
Las nubes cargadas de agua se habían ido, y así mismo su ira.
Las gotas habían dejado de caer, y así mismo sus lágrimas.
La luna brillaba más que nunca, y así mismo su mirada.
La neblina se desvanecía, y a su paso su melancolía.
Nunca había creído en la recompensa que traía la espera; pensaba que no llegaría a dormir profundamente cada noche, sin preocupación alguna; nunca se imaginó que la famosa frase: "Después de la tormenta viene la calma" aplicaría para ella, nunca. Pero así fue, y ahora el insomnio y la tristeza que sentía cada noche, no está, se ha ido... Y espera que nunca vuelva, porque esa felicidad que siente ahora, la hace sentir aún más viva, más llena, más... Llena de suerte.
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