Sinónimo de silencio.

Como si tragaras vidrio y un gran pedazo se quedara atorado en tu garganta. Así, inmóvil te quedarías por miedo a que las puntas afiladas del trozo te rasgaran. Tratarías de concentrarte para evitar los movimientos de la lengua y, seguro que juntarías tus labios para que tu mandíbula no se cansara de estar tanto tiempo abierta. Tu cuerpo pediría que pasaras el líquido que se acumula en tu boca. Te lastimarías de a poquitos. Te frustrarías y tus ojos se aguarían porque cada palabra que quieras decir, y cada grito que quieras pegar, se acumularía en tu cabeza que cada vez se quedaría con menos espacio.
Te ofrecerían ayuda pero, no podrías decir una palabra, así que solo asentarías con tu cabeza para indicar un: "mejor no te preocupes, estoy bien".  Las personas a tu alrededor empezarían a molestarse porque no hablas con ellos, porque no "les tienes confianza". Desearías que alguien te entendiera, que supiera que te estás ahogando entre preguntas, tristeza y desesperación; pero nadie lo notaría.
Te acostumbrarías a vivir así, con un muro que te impide conectar tus pensamientos con tus cuerdas vocales. Pero, a ratos te quejarías por sentirte sola cuando puede que ni lo estés y se repetiría todo de nuevo.
¿Por qué nadie se tomaría el tiempo de abrir tu boca y sacar esa molestia de tu interior?
Bueno, porque cada uno carga con su propio vidrio en la garganta.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Autorretratos de hace un año.

El experimento de San Andrés.

Desastres naturales.