Vale la pena esperar.
El problema de perderse entre pensamientos que solo cubren de polvo una parte del corazón y provocan angustia, es que, parece que una sección del cerebro empieza a perderse también.
La niebla, con su amargo sabor a perdición parece empezar a invadir las gargantas de muchos, y esto sólo hace que se pronuncien palabras vacías; el hilo que conectaba la pasión con la boca deja de funcionar por un gran lapso de tiempo. El sol que solía iluminar la mirada, se empieza a apagar lentamente; se funde la expresión verdadera y, como una protección, se enciende la vela de la apariencia, que falsea sonrisas mientras el ser verdadero observa de lejos y detenidamente cada nudo que se va formando en el interior de su mente; frustrándose y debilitándose cada día más.
El problema de estos fenómenos, si se les puede llamar de esta manera; no son ellos en sí, sino su efecto colateral en el alma que se ve derrotada ante los golpes negativos de la mente.
La solución, está en ignorar la tragedia que habita en nuestra mente, en prender una llama inmensa de esperanza que convierta en cenizas el miedo que nos condena a diario.
Es ahí, cuando se decide dar un paso adelante, aunque el terreno se vea inestable, que las oportunidades se empiezan a acercar. Unas vienen por caminos cortos y otras por senderos más largos y culebreros, pero estos últimos, al momento de llegar, aterrizan en la vida con una fuerza que corta la neblina, conecta de nuevo la pasión con nuestras cuerdas vocales; ejerce un soplo que aleja el polvo que cubría al corazón y, vuelve posible el sueño tan anhelado de poder, de nuevo, admirar la luz del sol.
La niebla, con su amargo sabor a perdición parece empezar a invadir las gargantas de muchos, y esto sólo hace que se pronuncien palabras vacías; el hilo que conectaba la pasión con la boca deja de funcionar por un gran lapso de tiempo. El sol que solía iluminar la mirada, se empieza a apagar lentamente; se funde la expresión verdadera y, como una protección, se enciende la vela de la apariencia, que falsea sonrisas mientras el ser verdadero observa de lejos y detenidamente cada nudo que se va formando en el interior de su mente; frustrándose y debilitándose cada día más.
El problema de estos fenómenos, si se les puede llamar de esta manera; no son ellos en sí, sino su efecto colateral en el alma que se ve derrotada ante los golpes negativos de la mente.
La solución, está en ignorar la tragedia que habita en nuestra mente, en prender una llama inmensa de esperanza que convierta en cenizas el miedo que nos condena a diario.
Es ahí, cuando se decide dar un paso adelante, aunque el terreno se vea inestable, que las oportunidades se empiezan a acercar. Unas vienen por caminos cortos y otras por senderos más largos y culebreros, pero estos últimos, al momento de llegar, aterrizan en la vida con una fuerza que corta la neblina, conecta de nuevo la pasión con nuestras cuerdas vocales; ejerce un soplo que aleja el polvo que cubría al corazón y, vuelve posible el sueño tan anhelado de poder, de nuevo, admirar la luz del sol.
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