Disgustos grises.
No me gusta empezar las frases con dos letras que muestren negativismo, ni mucho menos terminarlas con una explicación, porque pienso que los principios deben estar hechos de entusiasmo y los finales... Bueno, se deberían dar de una manera más sutil. (Pero sí con una explicación).
No me gusta el color gris que cubre el firmamento cuando de sus nubes empieza a caer agua. Ver los charcos me inunda de pereza, sentir la ropa húmeda y las gotas miniatura rozar mi rostro sin parar me hacen querer estar bajo un paraguas gigante que me teletransporte directamente hacia mi cama.
No me gusta la brisa fría ni mucho menos sentirla justo cuando olvidé mi chaqueta en casa.
No me gusta que el bus se llene, porque las personas que van sentadas cierran las ventanas, causando así una clase de sauna humano.
No me gusta, tampoco, que los carros pasen rápido y de su afán solo dejen restos de agua sucia sobre mí...
No me gusta que él esté ausente en épocas de lluvia, porque los días grises se vuelven más cálidos cuando agarro su mano, que a diferencia de la mía, siempre se encuentra con la temperatura elevada; los charcos solo me recuerdan que con él soy feliz cuando veo nuestro reflejo en ellos; la brisa fría se vuelve inexistente porque vivo cada momento entre abrazos; la abundancia de personas en el transporte público, ni me incomoda, porque así puedo estar aún más cerca de él, escuchando cada uno de sus latidos con mayor claridad. Y el mojarme con agua estancada que un carro hace chispotear hasta tocar mi piel, me hace reír.
No me gusta no estar a su lado, porque con él, hasta lo que más me disgusta se vuelve más bonito.
No me gusta el color gris que cubre el firmamento cuando de sus nubes empieza a caer agua. Ver los charcos me inunda de pereza, sentir la ropa húmeda y las gotas miniatura rozar mi rostro sin parar me hacen querer estar bajo un paraguas gigante que me teletransporte directamente hacia mi cama.
No me gusta la brisa fría ni mucho menos sentirla justo cuando olvidé mi chaqueta en casa.
No me gusta que el bus se llene, porque las personas que van sentadas cierran las ventanas, causando así una clase de sauna humano.
No me gusta, tampoco, que los carros pasen rápido y de su afán solo dejen restos de agua sucia sobre mí...
No me gusta que él esté ausente en épocas de lluvia, porque los días grises se vuelven más cálidos cuando agarro su mano, que a diferencia de la mía, siempre se encuentra con la temperatura elevada; los charcos solo me recuerdan que con él soy feliz cuando veo nuestro reflejo en ellos; la brisa fría se vuelve inexistente porque vivo cada momento entre abrazos; la abundancia de personas en el transporte público, ni me incomoda, porque así puedo estar aún más cerca de él, escuchando cada uno de sus latidos con mayor claridad. Y el mojarme con agua estancada que un carro hace chispotear hasta tocar mi piel, me hace reír.
No me gusta no estar a su lado, porque con él, hasta lo que más me disgusta se vuelve más bonito.
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