¡Creo en mis palabras!

El sol se asomaba entre las aberturas de su cortina, un nuevo día había llegado. Ella siempre empezaba su día pensando en lo bueno que este podría llegar a ser, las metas que podría ir construyendo y las experiencias que podría vivir. Miraba televisión por un rato y luego se aburría al notar que ningún programa le llamaba realmente la atención. Se duchaba, y en ese momento, cantaba las canciones de siempre, las que se sabía completas y le hacían escuchar su voz de cantante frustrada un poco más linda. Terminaba su baño y lo primero que hacía era dibujar sobre el espejo empañado, se aplicaba crema en su rostro y desenredaba su cabello. Luego, sentía el frío al abrir la puerta y dejar que entrara el aire del resto de su apartamento, ingresaba a su cuarto y humectaba su cuerpo con la crema de siempre, se vestía mientras escuchaba música y de vez en cuando se cambiaba dos veces la camiseta, porque creía que no se le vería tan bien.
"Se aproxima un buen día" solía decir, y se creía tanto sus palabras que así parecía que iba el día.
Se despedía de sus papás y hermano antes de salir y por último dejaba a su perro, a quien abrazaba hasta que él se molestara, le mandaba un beso de lejos y cerraba la puerta...
Así era, ¿no?
Ahora, al cruzar esas puertas todo cambia. Se siente encerrada incluso estando sin barreras a su alrededor, incluso sintiendo el aire que pasa rápido y logra alborotarle un poco su cabello. Se siente amenazada por la cantidad de preguntas que surgen al ver a ciertas personas en la calle: "¿Será que él ya desayunó?" se pregunta mientras ve a un habitante de calle durmiendo en la mitad de un andén sobre un pedazo de cartón proveniente de una caja de televisor. "Y ella, ¿será que tuvo una mala noche?" pensaba al ver cómo una señora le gritaba al conductor del bus, "¿Y ese qué me mira?" murmuraba mentalmente mientras fruncía el ceño y se cubría su pecho al notar que un hombre la morboseaba a lo lejos. "¿y yo qué?"  se repetía a sí misma "¿por qué me tengo que sentir así?" al notar el daño que le hacía estar rodeada de personas como ella, con alguno que otro problema.
Llega de nuevo a su casa, ya todo le da igual. Su estrés incrementa, su disgusto por todo, su falta de atención, su desagrado por la injusticia y las malas intenciones de los demás; le dan asco las almas ardidas, le da nostalgia y rabia el darse cuenta que todo eso le puede dañar su intento de positivismo...
Se da cuenta de que, tal vez su día no va a estar tan bien después de todo, y se cree tanto sus palabras, que así terminaba siendo.

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