Así fue, así es y así me imagino que será.
20 DE ABRIL DE 2005. (7 años)
Siempre que despierto veo estas cortinas de tela rosadas. Son pesadas, pero suaves como la seda. Veo cómo entran los fuertes rayos del sol entre los espacios que quedan de la unión de las cortinas, escucho el ruido de los pájaros que también madrugan día a día y huelo el café que Angélica, nuestra “empleada”, prepara todas las mañanas. Debo decir que el aroma es más suave y agradable cuando lo prepara mi mamá. Angélica me despierta para ir al colegio gritándome fuerte, ahí se daña mi rato de tranquilidad. Me gusta abrir un poco las cortinas y ver los altos pinos que rodean el conjunto y el lago lejano que siempre he querido ver de cerca, luego me levanto totalmente de la cama. Siento el frío piso con la planta de mis pies y camino hacia el baño, tomo una ducha, me alisto, desayuno y mi papá me acompaña a esperar la ruta. Luego me subo y una vez dentro, me despido de él moviendo mi mano hasta que ya no lo pueda ver más. Me encanta ir al colegio, disfruto incluso hacer tareas, soy feliz hasta con el más mínimo acontecimiento.
14 DE MAYO DE 2006. (8 años)
Este día soñaba algo que me producía felicidad, tanta, que incluso sentía cómo mi rostro sonreía mientras dormía. Angélica entró como siempre a mi habitación y me gritó “¡levántese a estudiar!” yo no escuchaba, la verdad es que estaba profunda. En un momento de tranquilidad mientras dormía, algo interrumpió ese sueño. Sentí un quemonazo en la parte baja de mi pantorrilla y me levanté de inmediato gritando, había sido Angélica, que aun no entiendo por qué se encontraba planchando ropa usando mi cama como mesa mientras yo dormía. Mi papá llegó corriendo, y la verdad es que no recuerdo qué más pasó, pero aún tengo la cicatriz.
16 DE AGOSTO 2006. (8 años)
Mi mamá despidió a Angélica, porque yo la encontré sacándole dinero del bolso. Llegó Maritza, que no me trataba bien, pero tampoco tan mal como Angélica. Se ganó la confianza de todos hasta que un día, cuando llegué del colegio sudando, porque era un día muy caluroso, vi que la puerta del apartamento donde vivo estaba abierta. Entré y los cajones estaban abiertos, la ropa tirada en el suelo y mi hermano pequeño, solo en su habitación. Ella nos robó, robó a la familia que le dio de comer, que la trataba como hermana y, estaba embarazada, razón por la cual mi mamá, siempre tan noble, quitó el denuncio. ¿Por qué hay personas así?
12 DE JULIO 2008. (10 años)
Estaba dormida, y de repente escuché que mi mamá lloraba. Nunca la había visto con lágrimas en los ojos, y la verdad, en ese momento no supe qué hacer. Le pregunté, ansiosa y mientras me sudaban las manos “¿Qué pasó ma’?”, ella, mirándome con sus ojos rojos e hinchados de llorar, agarró mi mano suavemente y me dijo: “Mataron a su tío Uriel”. Yo, aunque ya era grande, aún no entendía muy bien lo que pasaba con la muerte, es decir, no me ataqué a llorar, solo pensaba “¿O sea que no lo volveré a ver nunca jamás?”. Mi papá no estaba, porque la policía lo llamó para que reconociera a su hermano Uriel, que tenía atados sus pies y sus manos con cordones de sus propios tenis. Había sangre, otro cuerpo en el piso y un hombre herido, que quedó en silla de ruedas porque el tiro que recibió, llegó directo a su columna… La verdad no puedo imaginar lo que sintió mi papá al ver que unos desconocidos, perezosos y desalmados, le habían quitado a uno de sus hermanos… El caso, se entraría a investigar, y yo, a pesar de que conocía un lado feo gracias a Angélica y Maritza, conocería el lado más horrible de la humanidad.
25 DE NOVIEMBRE DE 2010 (12 años)
Escuchaba el sonido de una podadora, sentía el olor a pasto recién cortado y mi piel se calentaba al salir de la sombra y entrar en contacto con el sol, era un lindo día, así como me gustan: con el cielo azul, despejado y el sol brillante y fuerte. Estaba jugando escondidas con mis amigos del conjunto, ya tenía los cachetes rojos y estaba agitada de tanto correr. De repente, escuché de nuevo el conteo: “5, 10, 15, 20, 25, 30, 35…” y afanada salí a correr mientras buscaba un escondite. Había un parqueadero en el que se encontraba un celador, yo, con mi sonrisa nerviosa y mi corazón a mil porque me iban a encontrar, entré, sin desconfiar ni un minuto en el portero. De repente, sentí que la emoción se me bajó de golpe, que la sonrisa se convirtió de inmediato en llanto y que mis piernas cansadas cobraban fuerza e intentaban luchar contra la fuerza de ese hombre asqueroso, que mientras yo me escondía, me agarró de las muñecas fuertemente, y me empezó a besar mientras sonreía de placer. Pude salir corriendo, con mi cara sucia, porque me había secado las lágrimas con mis manos llenas de tierra de parque, y llegué a casa. Mi imagen distorsionada del humano empeoró, no volví a confiar en nadie y por eso nunca le conté a alguien lo sucedido, solo a quienes están leyendo esto.
25 DE FEBRERO DE 2015 (17 años)
Es un día frío, estoy temblando y mis pies están entumecidos del frío. Caliento agua y me preparo el té de siempre, con manzanilla y hierbabuena. No veo noticias, la verdad es que me provocan ansiedad y me llenan de miedo. Sin embargo, por algún lado deben llegar, ¿no? Por más que bloquee el contenido que me desagrada en las redes sociales, como lo son los vídeos en donde maltratan a un animal o a cualquier otro ser vivo, me sigue apareciendo y termino con pensamientos que básicamente me dañan el día. Salgo de mi casa bien abrigada y siento el pesado olor a humo de automóvil, me fastidia. Lidio con personas afanadas y groseras que entran con los codos como armas al Transmilenio, y tengo que soportar un día más en una ciudad en la que el simple hecho de ser mujer te aterra.
30 DE SEPTIEMBRE DE 2016 (18 años)
Siempre que despierto veo estas persianas de imitación madera. Son pesadas, lo que me agrada porque así nadie me puede ver desde afuera cuando las cierro. Escucho los pitos de los carros y el estruendo de las máquinas de la construcción de al frente, ¿nunca dejarán de hacer apartamentos? Veo cómo pasan los carros por el lugar en donde solían haber pinos, y humo en el lugar donde solían estar los rayos del sol. Y pienso que, en realidad he conocido gente agradable, de hecho, la mayoría de personas que conozco quieren el cambio (a pesar de que no hacen nada por lograrlo). Luchan día a día con sus demonios, y los de los demás, y no lastiman a nadie en su día a día (o de pronto sí, al comprar los tenis de marca que seguramente fueron fabricados en un lugar pequeño, sin ventilación y con personas que reciben un pago realmente bajo; o comiendo animales todos los días y contaminando con su basura y la de su familia) pero eso también lo hago yo, cosa que me causa ansiedad y ganas de cambiar mis hábitos de una vez por todas, aun sabiendo que mi ambiente social me lo impide.
4 MARZO DE 2020 (22 años)
De nuevo siento que me ahogo, que mi corazón late como si hubiera corrido una larga distancia. No puedo hablar, se durmió mi brazo izquierdo y mi mente está vuelta un ocho pensando en las cosas que me provocan “estrés”, porque mi psicóloga me ha dicho que es mejor no ponerle etiquetas de “ansiedad” o “depresión” a mis sentimientos… Ya me he acostumbrado de todas maneras, estos pensamientos y ahora reacciones físicas me acompañan hace tres años, ya son parte de mí. Hoy le pregunté a mi papá sobre el caso de mi tío Uriel, me dijo que fue olvidado completamente y a pesar de que se capturaron dos de los asesinos, nunca se “pudo” encontrar a los demás (aunque sabemos que fue pura incompetencia de la policía y la fiscalía) que también merecen pudrirse en la cárcel. Mientras tanto, en Bogotá hay una protesta. El presidente Petro ha incumplido varios compromisos que le ha hecho a la gente, y la verdad, es que todos están hartos.
7 DE OCTUBRE DE 2022 (24 años)
Anoche pasó lo mismo de siempre. Esperé más de una hora a que pasara un bus con un poco de espacio para entrar, y a pesar de que ahora el sistema va hasta la 1:30 a.m. debido a la cantidad de gente que ahora vive en Bogotá, llego siempre a las 12:30 a mi casa. Hoy me levanté a las 3:00 a.m. para tener que estar en la estación a las 4:00 a.m. y no llegar tarde al trabajo, por lo mismo. Desperté agotada y no escuché a mi perro Astro golpear mi puerta para que lo sacara, como lo hace todos los días. Me froté los ojos con mis manos y me desperté, diciendo “Astroo, veeen”, sin embargo, no venía. Mientras iba con mis ojos entrecerrados y con mi caminado lento de recién levantada, me sorprendió ver que él, aquél amigo que me había acompañado por más de 6 años, estaba en el suelo, con espuma y sangre saliendo de su boca… Había sido envenenado por los vecinos, porque no aguantaban más que hubiera “tanto perro” en el sector. No supe qué hacer, así suene raro, creo que es una de las muertes que más duro me ha dado. Ah, y olvidé decir que hoy es mi cumpleaños.
10 DE JUNIO DE 2024 (26 años)
Esta tarde el suelo se movió de nuevo, hace una semana no ocurría y todo el país se encontraba tranquilo, sin embargo, esta vez terminamos de perder lo que nos quedó del temblor anterior. Estamos viviendo con escombros, comiendo con tierra y viviendo con dolor en el corazón. El gobierno nos ha enviado ayuda pero debido al nuevo precio del agua, solo nos pueden dar una cantidad mínima, mientras, eso sí, las personas que aún tienen dinero, pueden acceder a los litros que deseen… Recuerdo cuando salía con mis amigos a jugar con bombas llenas de agua, cuando podía demorarme 10 minutos en la ducha mientras ponía una playlist para cantar y cuando era tan fácil satisfacer la sed siempre que la sentía. Hoy sufrimos el karma de la indiferencia que tuvimos cuando eran otros los que se morían de sed. Si antes conocía el lado horrible de la humanidad, hoy conozco el peor.
20 DE SEPTIEMBRE DE 2026 (28 años)
Recuerdo que hace 10 años pensaba que estaría fuera del país con mi familia, conociendo y teniendo éxito haciendo publicidad social, sin embargo, de acuerdo a las nuevas leyes de migración, los latinos no podemos ir a Estados Unidos, y otros países ya están pensando en aplicar la misma norma. Los venezolanos que una vez llegaron para superar la tragedia de su país, hoy no tienen ni voz ni voto para el gobierno colombiano, ya que este ha decidido que ahora importan más quienes hayan nacido en el país. Se han registrado más de 3.000 muertes de venezolanos, que sin oportunidades ni apoyo han sido arrinconados hacia un precipicio que los llevó directamente a tener condiciones de vida deplorables. Pero, aunque no parezca y aunque nadie lo quiera creer, estamos más unidos que nunca. Hicimos lo posible por ayudar a quienes venían del vecino país y, pienso que el hecho de que todos nos encontremos en la misma situación, ha resucitado un instinto animal en nosotros que es el trabajo en comunidad.
1 DE ENERO DE 2028 (30 años)
A lo largo de mi vida he visto cómo los humanos nos hacemos daño entre sí, cómo alguien mayor puede hacer lo que quiera con un niño, cómo las personas beneficiadas por la bondad de otra traicionan la confianza y abusan de ella, como por querer una vida fácil se acaba con la vida de otros, para llenarse de pertenencias con dinero manchado con sangre, y cómo ignoramos el sufrimiento y la angustia de los demás. Por todo esto no debería tener razones para creer en la gente buena, sin embargo, lo hago , y aunque ya no podamos hacer nada por los daños que provocamos no solo en el planeta, sino en nosotros mismos, ahora que estamos más unidos, quizá algo pueda cambiar. De pronto no mientras viva, pero he visto un avance dentro de la tragedia y una luz en los días grises, que nos unen cada vez más y nos recuerdan que puede haber fe en la humanidad. De pronto eso era lo que necesitábamos, sufrir de un karma tremendo, para así aprender como raza.
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