Escrito basado en las confesiones de una compañera de clase.

El día fue duro… Bueno, en realidad no estuvo tan mal, pero siento que me siguen persiguiendo aquellos demonios a los que he intentado desechar de mi vida una y mil veces, y es que, ¿quién se siente bien cuando lleva un peso sobre sus hombros que hace crujir no solo las vértebras, sino también cada uno de los pensamientos que se cruzan todos los días por la cabeza? Me asusta, me aterra mostrarme débil ante estos ladrones de tranquilidad, sentirme afligida por situaciones por las que en realidad no debería preocuparme… ¿Debo seguir intentándolo? Cualquier persona me diría que sí, pero es complicado cuando estos demonios habitan dentro de tu propia mente y decides rendirte ante ellos para que no te afecten al punto de hacerte sentir como que no eres suficiente… ¿Debo rendirme? Si lo hago perderé mucho tiempo, mis proyectos se atrasarán y eso sí que me aterra.
Hoy me levanté y sentí pereza, mis cobijas me abrazaban tan cálidamente, que incluso sentía que estaban a punto de decirme que no me alejara de ellas, sin embargo, me levanté. Llegando a la universidad sentí el molesto olor a humo que entraba por mi nariz, hice un gesto de desagrado y seguí caminando. Entré a la universidad y conmigo, uno de mis demonios. Cuando este infeliz llega, mi auto-confianza queda por el piso, siento que no soy lo suficientemente buena como para dar un paso fuera de mi zona de confort y tomar un riesgo, pienso que fallaré si me atrevo a hablar o a tomar una decisión y el qué pensarán de mí si hago, digo o arriesgo algo así, detona una inseguridad absurda.
Al salir de la universidad me encuentro con mis amigas, y detrás de ellas, veo a mi segundo demonio, haciéndome espacio para que me siente junto a él, y pienso: “¿me quedo un rato? Pero tengo cosas que hacer, pero las puedo hacer cuando llegue a mi casa, ¿no?; pero después tendré que trasnochar, pero… Y si algún día llego a estar sin mis amigas y me arrepiento de no haber pasado este rato con ellas…” y mi demonio, como siempre, se queda con esa última frase y de paso, me convence a mí. Las risas me hacen sentir tranquila, el estar no solo con mis amigas, sino con las personas que amo, me llevan a un punto de felicidad tan alto, que incluso llego a considerar a mis deberes como algo sin importancia alguna comparado con los tiempos de euforia que tengo en compañía.
El atardecer empezaba a hacerse notar al mostrar sus contrastes de naranja, rosado y rojo, la luz del sol era dorada y mi felicidad estaba a tope, aunque de vez en cuando me llegaba el recuerdo de lo que tenía que hacer. Me puse de pie pero llego el tercer infeliz, el demonio que me obliga a bajarme de la nube de felicidad hacia el suelo frío de la tristeza; y me empujó hacia abajo, para que no me fuera sino que tuviera que escuchar los comentarios que alguien haría insensiblemente sobre mí. Bueno, no diré que nunca hablo sin pensar sobre alguien, sin pensar en sus sentimientos o en cómo ese comentario lo puede afectar, al fin y al cabo todos siempre queremos defendernos y sentirnos bien con nosotros mismos. Sin embargo, este demonio me da en el blanco, y hace que pase de la tranquilidad a la tempestad.
En la noche, mientras estoy acostada en mi cama y mirando hacia el techo, aparecen mis tres insoportables compañeros de vida; pero aquí no hay tapujos, aquí al menos me atrevo a mirarlos más de cerca, a analizarlos y a conocerlos un poco más. Sin embargo, siempre termino devolviéndome al principio de la historia: a la confusión y a la inseguridad de aniquilarlos o quedármelos como compañía. Es un círculo vicioso, por el cual espero que nadie tenga que pasar (así lo consideren como un problema leve), por lo que, aprovechando el medio diré sus nombres, para que una vez se los topen no los dejen agarrarse de su espalda, porque una vez ahí, “pena” te hará sentir inútil e incapaz, “procrastinación” te quitará tu tiempo para frustrarte después y “sensibilidad” hará que tus ratos felices se vean afectados por simples actos que te llevarán directo hacia abajo. Son mis debilidades, y a pesar de todo, cada vez me hacen más fuerte… Así que, ¿sigo luchando, o me rindo sin saber de lo que soy capaz cuando saco mi lado indestructible e imparable? 


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