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Créelo.

Un día te levantas, muchas veces después de haber pasado la noche en vela y te das cuenta de que ahora todo es diferente, por el simple hecho de que ha llegado alguien a tu vida que, a diferencia de muchas personas, en serio no te quiere perder.  Es una sensación extraña, sobretodo después de haberte caído una vez mientras confiabas en alguien que aparentemente no quería lastimarte, y más que nada, cuando no estabas acostumbrada a que alguien te quisiera de tal manera, y que lo demostrara con tanta fluidez.  Siempre me ha parecido raro cómo los humanos somos tan susceptibles al dolor que provoca el mismo amor. Podemos soportar diversos dolores físicos, ignorar las opiniones negativas que tienen sobre nosotros algunas personas, llorar para liberarnos cuando nos sentimos afligidos... Pero nos desmoronamos y muchas veces nos vemos guiados por la decepción, que nos nubla la vista, cuando la herida es provocada por alguien que pasó de no quererte herir, a no importarle el vert...

No sé qué hacer.

La indecisión, sobre todo en temas donde sabes que no serás el único perjudicado si decides mal, hace que la mente nos haga varias malas jugadas. En la primera, sientes que lo controlas todo, como si la situación fuese un simple avatar que responde a tus órdenes pero que, últimamente no ha funcionado bien, como si las baterías del control se estuvieran agotando. En la segunda, sabes que todo el juego se ha estropeado, pero sigues buscando baterías nuevas para ver si esta vez sí funciona... Todavía tienes esperanza, crees en que, de pronto, todo se solucionará después. Te desesperas y te imaginas el peor escenario de esas dos opciones posibles que tienes en mente en la tercera jugada, aquí ya nada tiene sentido, empiezas a rogarle a tu dios, a la vida o a ti mismo, para que traiga una solución que detenga tu sufrimiento, y para evitar el de la otra persona que está implicada. Luego, sientes una presión en el pecho y no puedes evitar el llanto mientras te cubres con las cobijas ...

Para un alma (que no sabe) que es fuerte.

Mi deseo para ti es que aprendas a quererte, así tal cual como eres, así tal cual como piensas y así tal cual como muestras esos pensamientos al mundo.  Mi deseo para ti es que reconozcas tus talentos con la misma facilidad que nombras tus falencias cuando alguien te pregunta por ellas. Mi deseo para ti es que no te escondas entre tus complejos ni te pierdas entre las sombras de la tristeza, porque tu alma es única, y merece ser reconocida por el brillo que irradia su alegría y capacidad de entregar amor. Mi deseo para ti es que te sientas hermosa aún así cuando alguien con algún comentario con tono de broma te quiera hundir, encontrándote defectos que no existen y alimentando su alma de odio y envidia.  Mi deseo para ti es que puedas disfrutar de una llovizna a las diez de la mañana, y que sonrías cuando todo el mundo parece estar invadido por la ira a las ocho de la noche. Mi deseo para ti es que entiendas que tu energía es única, y que nadie ni nada podrá sabotea...

Así fue, así es y así me imagino que será.

20 DE ABRIL DE 2005. (7 años) Siempre que despierto veo estas cortinas de tela rosadas. Son pesadas, pero suaves como la seda. Veo cómo entran los fuertes rayos del sol entre los espacios que quedan de la unión de las cortinas, escucho el ruido de los pájaros que también madrugan día a día y huelo el café que Angélica, nuestra “empleada”, prepara todas las mañanas. Debo decir que el aroma es más suave y agradable cuando lo prepara mi mamá. Angélica me despierta para ir al colegio gritándome fuerte, ahí se daña mi rato de tranquilidad. Me gusta abrir un poco las cortinas y ver los altos pinos que rodean el conjunto y el lago lejano que siempre he querido ver de cerca, luego me levanto totalmente de la cama. Siento el frío piso con la planta de mis pies y camino hacia el baño, tomo una ducha, me alisto, desayuno y mi papá me acompaña a esperar la ruta. Luego me subo y una vez dentro, me despido de él moviendo mi mano hasta que ya no lo pueda ver más. Me encanta ir al colegio, disfru...

Escrito basado en las confesiones de una compañera de clase.

El día fue duro… Bueno, en realidad no estuvo tan mal, pero siento que me siguen persiguiendo aquellos demonios a los que he intentado desechar de mi vida una y mil veces, y es que, ¿quién se siente bien cuando lleva un peso sobre sus hombros que hace crujir no solo las vértebras, sino también cada uno de los pensamientos que se cruzan todos los días por la cabeza? Me asusta, me aterra mostrarme débil ante estos ladrones de tranquilidad, sentirme afligida por situaciones por las que en realidad no debería preocuparme… ¿Debo seguir intentándolo? Cualquier persona me diría que sí, pero es complicado cuando estos demonios habitan dentro de tu propia mente y decides rendirte ante ellos para que no te afecten al punto de hacerte sentir como que no eres suficiente… ¿Debo rendirme? Si lo hago perderé mucho tiempo, mis proyectos se atrasarán y eso sí que me aterra. Hoy me levanté y sentí pereza, mis cobijas me abrazaban tan cálidamente, que incluso sentía que estaban a punto de decirme que ...

Carta de amor.

Mis ojos llevaban un largo tiempo sin sentirse fascinados. Se encontraban relajados y adaptados al paisaje monótono y careciente de interés que se ubicaba en el día a día. Seguían los pasos que daban mis piernas sabiendo que cada amanecer no sería una nueva oportunidad, habían dejado de creer en las miradas profundas que llenaban de color la mente con solo echarles un corto vistazo. Se habían cansado, estaban fatigados y hartos. Ya solo miraban por mirar. Ya habían cruzado un largo puente que les permitió llegar a la indiferencia, pero sin dejar atrás la esperanza. Y mi conciencia e inconsciente andaban igual, atados a la idea de que a pesar de lo largo que fuera el camino y abundantes las almas que pudiera encontrar en el recorrido, algún día, de cualquier año, saldría de cualquier lugar esa mirada que podría llegar a ser la que buscaba en silencio... Y así fue. Un día como cualquier otro: levantada a las 5:10 a.m. con desayuno a las 5:30, con partida a las 6:10 y llegada a don...

¡Creo en mis palabras!

El sol se asomaba entre las aberturas de su cortina, un nuevo día había llegado. Ella siempre empezaba su día pensando en lo bueno que este podría llegar a ser, las metas que podría ir construyendo y las experiencias que podría vivir. Miraba televisión por un rato y luego se aburría al notar que ningún programa le llamaba realmente la atención. Se duchaba, y en ese momento, cantaba las canciones de siempre, las que se sabía completas y le hacían escuchar su voz de cantante frustrada un poco más linda. Terminaba su baño y lo primero que hacía era dibujar sobre el espejo empañado, se aplicaba crema en su rostro y desenredaba su cabello. Luego, sentía el frío al abrir la puerta y dejar que entrara el aire del resto de su apartamento, ingresaba a su cuarto y humectaba su cuerpo con la crema de siempre, se vestía mientras escuchaba música y de vez en cuando se cambiaba dos veces la camiseta, porque creía que no se le vería tan bien. "Se aproxima un buen día"  solía decir, y se ...